ALELUYA, ¡LA VIDA EN EL AMOR VENCE A LA MUERTE!


 
 

   Para llegar a este glorioso y bendito día hemos tenido que pasar, con CRISTO, por el túnel de la muerte. Atrás han quedado las horas amargas de la traición de Judas, el peso de la cruz, la corona de espinas, las bofetadas, los insultos, los clavos y la muerte. CRISTO es ahora el vencedor. Su resurrección  es la aurora para todos los creyentes. Con la resurrección todo tiene sentido, sin ella todo se reduce a la nada. Como nos dice J.L. Martín Descalzo :
 
 
 “ Ni la Encarnación sería el Nacimiento del Hijo de Dios, ni su muerte sería una Redención, ni sus milagros serían milagros, ni su misterio existiría verdaderamente, si Jesús no hubiera resucitado. Sin ese triunfo final, Jesús quedaría reducido a un genio del espíritu o quizá simplemente a un gran aventurero, por no decir a un loco iluminado. ¿ Y nosotros, qué sería de nosotros, creyentes sin esa Resurrección?. ¿ Qué sentido tendría nuestra fe, para qué serviría nuestra Iglesia, en qué océanos sin bordes se perderían nuestras oraciones si Jesús hubiera sido devorado definitivamente por la muerte ? “.

   Para los que tenemos fe, este día es el más glorioso, el que tiene más luz, el más bello sin parecido a ningún otro. Cristo tuvo que morir para poder resucitar, para quedar vencedor sobre la muerte, para abrirnos el camino del cielo, las puertas de la gloria y para dar testimonio de que la muerte es tan solo una transición a la vida eterna, y esto es lo que da también sentido a nuestra vida. Quizá la idea de esta nueva vida, en esa dimensión, por no poderla comprender, nos asusta porque nos desborda y nos confunde, pero apoyándonos en ella podemos sentir que haber nacido, estar en este mundo, en una palabra, SER, es la cosa más grandiosa que puede existir.
 
Así nos lo dice Bruckberger :
“ Ahí es donde se capta el profundo optimismo del cristianismo en comparación con el pesimismo platónico o hindú. La revelación propia de Jesucristo en su resurrección es que el cuerpo humano, humilde y necesario instrumento del alma, puede seguirla hasta la eternidad y participar en la eternidad. Lo que se hizo una vez para uno solo puede hacerse para todos. Nosotros los cristianos esperamos la “ resurrección de la carne, su promoción a la eternidad.¡ Prodigiosa aventura!. Con la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo se pone fin a nuestra miserable filosofía de rampantes : Estamos hechos para penetrar en cuerpo y alma en la Eternidad, para gozar de Dios, para devorarle como hermosos fruto de nuestro destino “.
 
 
 

    El hombre moderno casi no quiere pensar en esta verdad que deslumbra. No desea sumergirse en ella y empezar a ser feliz. Y es por eso que el mundo a veces es tan cruel y tan triste. No queremos abrir los ojos a esta verdad que casi nos aplasta. Es tan inmensa, es tan grandiosa. Tal vez por eso Cristo quiso quedarse muchos días después de haber resucitado, entre los apóstoles, porque veía que en sus duras cabezas no aceptaban lo que veían. Parecía no bastar con haber resucitado.
 
Tenía que meter por los ojos y por las manos de los suyos, SU RESURRECCIÓN.  Y lo mismo nos sucede a nosotros, ¡ nos falta tener más fe!. Les hablaba, comía con ellos y aún así pensaban que era un fantasma. Y con inmensa ternura y paciencia El le dice : “ Por qué os turbaís y por qué suben a vuestro corazón esos pensamientos?. Ved mis manos y mis pies. Si, soy yo. Palpadme y ved : los espíritus no tiene carne y huesos como veís que yo tengo “ LC. 24,38-43. Y allí está su carne rota por las heridas en sus pies y en sus manos y los apóstoles van creyendo, van entrando en la grandiosa VERDAD DE LA RESURRECIIÓN y ahora si, ya “nadie será capaz de quitarles esa alegría”. Jn. 16,22. Y tampoco a nosotros.
 
 

    Ya puede el mundo ponerse de cabeza y querernos arrastrar en el vértigo de la incredulidad que  nuestro corazón tiene el más grande de los tesoros : La fe y la alegría de este Domingo de Pascua, de este Domingo de Resurrección. ¡Aleluya!.

   ¡Felices Pascuas para todos!

     
 
Por :MARÍA ESTHER DE ARIÑO.

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